Adsense

sábado, 19 de mayo de 2018

El golpe de Casado y el final de la 2º República


Los denominados Sucesos de Mayo o Hechos de Mayo, ocurridos entre el 3 y el 8 de diciembre de 1937 , en diversas localidades catalanas, con epicen­tro en la ciudad de Barcelona, enfrentaron a los grupos anarquistas y trotskistas contra el Gobierno de la República, la Generalitat de Catalunya, los socialistas y los comunis­tas. El triunfo de estos últimos sobre el anar­quismo propició el nuevo gobierno de Juan Negrín, que trató de dotar a la República de un verdadero ejército, pero el resultado de la reorganización debía verse plasmado en alguna victoria militar.

Las esperanzas republicanas se deposi­taron en la batalla de Teruel, iniciada el 21 de diciembre de 1937 en la que el nuevo Ejército Popular Republicano tenía ante sí la ocasión de arrebatar, por primera vez, una capital de provincia a las tropas de Franco. Pero los sublevados lograron recuperar la ciudad de Teruel el 22 de febrero de 1938, tras dos meses de duros combates, por lo que este episodio militar fue un nuevo desastre. Un mes después se produjo un desastre aún mayor cuando el frente de Aragón se derrumbó ante el empuje de la ofensiva lanzada por Franco, y que culmi­nó con la llegada del ejército sublevado al Mediterráneo por Vinaroz el 15 de abril, de modo que el territorio republicano quedó partido en dos.

Las derrotas militares y el empeoramien­to del contexto internacional, desataron las tensiones políticas, aparentemente cal­madas tras los sucesos de mayo de 1937.

Entre marzo y abril de 1938 se produjo una segunda crisis interna en el bando republi­cano. Ahora se enfrentaban el negrinismo, o partido de la resistencia, y el antinegrinismo, o partido de la paz.

NEGRINISTAS Y ANT1NEGRINISTAS

El partido de la paz o antinegrinista estaba encabezado por el propio presidente de la República, Manuel Azaña, apoyado por los republicanos de Izquierda Republicana y Unión Republicana, más los nacionalistas catalanes y vascos. También lo apoyaba IndalecioPrieto, al frente de un sector del PSOE, en el que figuraba JuliánBesteiro, que, tras los desastres de la batalla de Teruel y la ofensiva de Aragón, llegaron a la conclusión de que el ejército republica­no nunca podría ganar la guerra. Pensaban que era preciso un armisticio con Franco, en el que mediaran franceses y británicos, para evitar temidas represalias tras la rendi­ción. Lo cierto es que el bando franquista no parecía dispuesto a dar ninguna tregua, y su forma de actuar a lo largo de la con­tienda no invitaba a esperar clemencia de ningún tipo.

Por otra parte, Negrín y el sector del PSOE que lo apoyaba, junto con los co­munistas, eran partidarios de continuar re­sistiendo bajo la consigna resistir es vencer. Para Negrín, la alternativa de negociar el fi­nal de la guerra con el enemigo significaba la casi segura aniquilación de la República, por lo que la única salida posible era resistir para prolongar la guerra, a la espera que se desencadenase en Europa un conflicto a escala continental, lo que obligaría a Fran­cia y a Gran Bretaña a acudir en ayuda de la República y derrotar al emergente fascis­mo europeo.

Lo primero que hizo Negrín fue tratar de destituir a Indalecio Prieto, que era ministro de Defensa. ¿Cómo permitir que Prieto, convencido de que la guerra estaba perdida, pudiera seguir siendo ministro del ejército que debía seguir combatiendo? Azaña respaldó a Prieto así como el resto de los republicanos de izquierda y los nacionalistas de Esquerra y del PNV. Sin embargo, estos no consiguieron articular ninguna alternativa a Negrín, y este acabó saliendo reforzado de la crisis, con la consiguiente salida de Prieto del Gobierno. El resultado: la España republicana quedaba dividida, de nuevo, en dos tendencias.

LA BATALLA DEL EBRO Y LA CAÍDA DE CATALUÑA

El presidente Negrín, el general Vicente Rojo Lluch, jefe del Estado Mayor, y los co­munistas creían posible que el Ejército Po­pular Republicano aún era capaz de una última ofensiva, que se inició el 24 de julio de 1938, dando comienzo así a la batalla del Ebro, la más larga y decisiva de la Gue­rra Civil. El objetivo último de la operación era volver a unir las dos zonas republica­nas que habían quedado divididas desde que Franco había llegado al Mediterráneo por Vinaroz. Después de tres meses de duros combates, la ofensiva republicana del Ebro resultó un nuevo fracaso. El ejército republicano tuvo que volver a sus posicio­nes iniciales el 16 de noviembre de 1938, con miles de bajas y una pérdida conside­rable de armamento que ya no podría uti­lizarse para defender Cataluña, frente a la decisiva ofensiva franquista. Además, unos días antes de finalizar La batalla del Ebro sefirmaban los Acuerdos de Munich entre Gran Bretaña y Francia, por un lado, y Ale­mania e Italia, por otro, que aparentemen­te cerraban la posibilidad de que estallara la guerra en Europa, y por tanto, hubiera alguna posibilidad de que las potencias de­mocráticas intervinieran a favor de la Re­pública, que quedaba así abandonada a su suerte y a la intervención fascista italiana y alemana, por cierto, gustosamente admiti­da en Múnich.

Negrín, a pesar de todo, era consciente de que la guerra en Europa iba a estallar, no se equivocaba, y decidió seguir resis­tiendo hasta que ello ocurriera, pero su estallido no llegó, a tiempo. El 23 de diciembre de 1938 empezó la ofensiva del ejército nacional sobre Cataluña, desde el oeste y desde el sur, sobre un ejército republicano que se batía en retirada. El 26 de enero de 1939 las tropas de Franco entraban en Barcelona, y el 5 de febrero ocupaban Gerona.

SE INICIA LA CONJURA DE CASADO

Cuando Negrín regresa a la región centro-sur el 10 de febrero de 1939, desde el sur de Francia, solo contaba con el apoyo de los soviéticos y del Partido Comunista.

General Miaja y Segismundo Casado
A su llegada, ya estaba muy avanzada la conspiración militar y política contra su gobierno, dirigida por el jefe del Ejército del Centro, el coronel Segismundo Casa­do, que había entrado en contacto con el Cuartel General de Franco para una ren­dición del ejército republicano sin represa­lias. Casado consiguió el apoyo de varios jefes militares y de algunos políticos impor­tantes, como el socialista Julián Besteiro.

El primer movimiento importante del coronel Casado, del que enseguida tuvo información el Cuartel General del Ge­neralísimo, tuvo lugar a principios de no­viembre de 1938, en un momento en que ya era evidente el fracaso de la ofensiva republicana del Ebro, cuando se reunió en Madrid con el propio Juan Negrín y con el general José Miaja, jefe de los Ejércitos de la región centro-sur, para intentar conse­guir que aquel retirara a los comunistas del gobierno como primer paso para cambiar la política de resistencia a ultranza, a lo que Negrín se opuso rotundamente. A partir de ese momento Casado fue más consciente de que si quería alcanzar sus propósitos también tendría que derribar a Negrín.
La situación era alarmante, se había pro­ducido un considerable aumento de las deserciones en el Ejército Popular; muchos de los participantes en la batalla del Ebro se habían pasado a las filas del enemigo. El Madrid de la defensa heroica frente al fascismo ya no era lo que fue en sus mejo­res momentos de resistencia. Los infiltrados del bando sublevado en las fuerzas de or­den público republicanas aumentaban, los francotiradores extendían el terror entre los milicianos y la población, que además su­cumbía ante la falta de víveres.

El 30 de enero de 1939, la quinta columna o partidarios e infiltrados franquistas en Madrid, habían hecho llegar al coronel Casado las condiciones de los franquistas para la rendición del ejército republicano y que Casado llamó las Concesiones del Genera­lísimo. En ellas se ofrecían salvoconductos y garantías para aquellos que depusieran voluntariamente las armas y no fueran responsables de crímenes. Seis días después, el ayudante de Casado, el teniente coronel José Centaño, descubrió su condición de agente franquista y le entregó a continua­ción una copia oficial de aquellas Conce­siones, que tenían un cariz muy diferente. En ellas se exigía la rendición incondicional, prometiendo benevolencia tras la victoria.

Por su parte, Negrín y los comunistas se­guían firmes en su decisión de continuar la guerra. Tal vez eran intransigentes, o quizá sabían cómo se las iba a gastar Franco si se aceptaba la rendición, porque la represión franquista después de terminar la guerra no fue ni mucho menos conciliadora.

El jueves 2 de marzo, Negrín mandó ve­nir al coronel Casado y al general Matallana a la Posición Yuste, que es como secretamente se denominaba el lugar en que el gobierno republicano se había retirado -se denominó Yuste por ser el lugar donde se retiró Carlos I, pero no estaba en Extremadura, sino en Petrel (Alicante)-. La llamada tenía por objeto comunicarles que iban a ser relevados de sus puestos y sustituidos por militares comunistas.

Casado y Matallana se negaron a acep­tar esos cambios y marcharon a Valencia, donde se entrevistaron con los generales Miaja y Menéndez, con quienes hablaron de su situación y propósitos. Negrín era un problema.

Casado estaba tan convencido de sus ideas, que abiertamente le habló de las mismas al día siguiente, 3 de marzo, al general Ignacio Hidalgo de Cisneros, a pesar de que era conocida su militancia comunista. A Hidalgo de Cisneros le faltó tiempo para comunicárselo a Negrín, que envió un avión a Madrid a las 10 de la ma­ñana del sábado 4 de marzo para que re­cogiera al coronel Casado y se presentara inmediatamente ante él. Como Casado no tomó ese avión, Negrín lo llamó por teléfo­no, pero aquel siguió negándose a acudir a la Posición Yuste. Poco después, Casado se reunió en su domicilio particular con el teniente coronel anarquista Cipriano Mera y con el Jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro para ultimar la planificación lo­gística de la sublevación. Poco después, el coronel Casado comunicaba a Julián Besteiro, el líder de la trama política del golpe, y al resto de partidos y sindicatos que le apoyaban, que estuvieran preparados para las 20 horas del día siguiente.
En la mañana del domingo 5 de marzo, Negrín ordenó a los generales Miaja y Ma­tallana, que se encontraban en Valencia, que se presentaran ante él en la Posición Yuste, pero solo acudió Matallana, que fue inmediatamente detenido, aunque sería puesto en libertad más tarde.

A las siete de la tarde de ese domingo 5 de marzo de 1939 comenzaba el golpe de Casado en Madrid.

EL GOLPE

Entre las 7 y las 8 de la tarde del domingo 5 de marzo de 1939 se reunían, en el edi­ficio del Ministerio de Hacienda de la calle Alcalá de Madrid, el coronel Casado y los conjurados en el golpe de estado: militares que estaban convencidos de que sería más fácil liquidar la guerra a través de un enten­dimiento entre militares; los representantes de los partidos políticos Izquierda Repu­blicana, Unión Republicana, el Partido Sindicalista y el sector antinegrinista del PSOE y de las organizaciones sindicales anarquistas y socialistas comprometidas como UGT y CNT-FAI; y el socialista Ju­lián Besteiro, que acudía a título personal, pero que era la cabeza de la parte civil de la conspiración. En las horas siguientes, unidades militares y de orden público, en su mayoría de tendencia socialista, junto a una brigada anarquista, ocuparon los puntos estratégicos de la capital como los palacios de Buenavista, Comunicaciones y Gobernación, la Dirección General de Seguridad, el Banco de España, la Telefónica y las estaciones de radio. Algunas divisio­nes del ejército, dirigidas por socialistas, se desplegaron por la capital. Por último, Casado consiguió la adhesión al golpe del coronel Camacho, Jefe de las Fuerzas Aé­reas de la zona centro-sur.

Controlada la capital por las fuerzas casadistas, hacia las doce de la noche de ese mismo domingo 5 de marzo, el coro­nel Casado y Julián Besteiro se dirigieron por radio a la España antifascista, leyendo sendos manifiestos en los que justificaban el golpe que acababan de dar contra el go­bierno de Negrín.
Por la mañana del 6 de marzo todos los partidos políticos y organizaciones del Frente Popular, excepto el Partido Co­munista de España, hicieron públicos en Madrid manifiestos y declaraciones en los que prestaban su apoyo al golpe, tal como habían pactado semanas antes. Asimismo, quedó constituido oficialmente el Consejo Nacional de Defensa, presidido por el ge­neral José Miaja, aunque los dos hombres fuertes del mismo eran el propio Casado, que se reservó para sí mismo la Consejería de Defensa, y Julián Besteiro, que ocupó la de Estado.

LA SALIDA DEL GOBIERNO DE NEGRÍN

Negrín había pasado toda la noche del sá­bado 4 al domingo 5 dando órdenes para intentar acabar con la sublevación de Car­tagena, protagonizada por militares y ma­rinos de la base naval de Cartagena, que estalló el 4 de marzo de 1939, y que casi desde el primer momento se convirtió en una rebelión dirigida por los militares inte­grados en la quinta columna, que preten­dían entregar la base y la flota republicana allí fondeada a Franco. En la madrugada siguiente, del domingo 5 al lunes 6, tuvo que enfrentarse a una nueva sublevación, cuando se confirmó el golpe del coronel Casado contra el Gobierno y se produjo el anuncio de la formación del Consejo Na­cional de Defensa. La noticia se la dio el general Matallana, que recibió la llamada del coronel Casado desde Madrid. Negrín cogió el teléfono a continuación para de­cirle a Casado: "Queda usted destituido". Casado le respondió: "Mire usted, Negrín, eso ya no importa. Ustedes ya no son Go­bierno, ni tienen fuerza ni prestigio para sostenerse y menos para detenernos... La suerte está echada y ya no retrocedo".

El lunes 6 de marzo, tres aviones partían hacia Francia con destino a Toulouse, llevando a bordo al último gobierno constitu­cional de la Segunda República Española.

LA RESISTENCIA COMUNISTA

Los comunistas contrarios a Casado ini­ciaron una revuelta en Madrid a lo largo del martes 7 y del miércoles 8 de marzo, que pareció decantarse a su favor, pero a partir de la madrugada del jueves 9, la situación cambió a favor de los casadis­tas , porque las brigadas del IV Cuerpo de Ejército al mando del anarquista Ci­priano Mera, que era la unidad militar más importante con que contaban los casadistas, se empezaron a movilizar desde el frente de Cuadalajara hacia Madrid y, sobre todo, porque la desmoralización comenzó a cundir entre las filas comunistas cuando supieron que el golpe de Casado había triunfado en toda España y Madrid era el único lugar donde se combatía. Además, los propios comunistas ya habían pactado la forma de abandonar España y poner­se a salvo, un acuerdo que se fraguó en toda España entre casadistas y comunis­tas, pero que, sin embargo, el coronel Casado no respeto en Madrid, alegando que los comunistas habían asesinado en los montes de El Pardo a tres coroneles de su Estado Mayor.

La cifra de muertos resultante del conflicto entre ambos bandos no está clara. Hay cifras que hablan de veinte mil, otras de dos mil e incluso quien las deja en tres centenares.

LAS CONSECUENCIAS

Una vez sofocada completamente la resistencia comunista en Madrid, el co­ronel Casado comunicó el 12 de marzo al gobierno de Franco, en Burgos, que él mismo y el general Matallana que­rían acudir para negociar los términos de la paz, partiendo de las llamadas Concesiones del Generalísimo. Mientras, Julián Besteiro se dirigía por radio a los madrileños el 18 de marzo para explicarles lo que había hecho hasta en­tonces el Consejo Nacional de Defensa.

Pero al día siguiente, 19 de marzo, llegó la respuesta de Franco, en la que decía que no estaba dispuesto a que acudieran a Burgos los mandos superio­res enemigos. Ninguna de las reuniones que se mantuvieron, consiguieron de Franco otra cosa que no fuera exigir la rendición incondicional, sin recibir a cambio garantías suficientes de que se cumplieran sus famosas concesiones.

Franco dio orden de que en la ma­drugada del día 26 de marzo se iniciara la ofensiva general en todos los frentes, lo que significaba que había dado por concluidas las negociaciones con Casa­do y el Consejo Nacional de Defensa.

Segismundo Casado
El camino estaba expedito para las tropas nacionales hacia Madrid. El 1 de abril de 1939 la radio del bando rebelde difundía el último parte de guerra: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos milita­res. La guerra ha terminado. Burgos, 1° de abril de 1939, año de la Victoria. El Generalísimo, Franco".

¿Y QUE OCURRIÓ CON CASADO?

Ante la inminente entrada de las tropas sublevadas en Madrid, Segismundo Ca­sado partió hacia Valencia, y desde el puerto de Gandía marchó en un buque británico hacia el exilio en Marsella, no sin antes convencer a miles de refugia­dos de que fueran a Alicante, donde, supuestamente, los recogerían barcos ingleses. En realidad, era otra estratage­ma de Franco para concentrar y atrapar a los refugiados. La flota nacional impi­dió la entrada de los barcos al puerto de Alicante y se creó una gran bolsa de refugiados que cayó en manos de los franquistas. Casado estuvo exiliado en Gran Bretaña sin poder reunirse con su familia hasta 1951, cuando partió a Venezuela; más tarde se estableció en Colombia.

SegismundoCasado regresó a Es­paña con su familia en 1961, siendo juzgado y posteriormente absuelto por un consejo de guerra, bajo el de­lito de rebelión militar. Intentó que se le reconociera su grado militar previo a la Guerra Civil y que se le permi­tiera el reingreso en el ejército. Re­chazado por el franquismo por haber servido voluntariamente a la causa re­publicana, Casado tampoco gozó de simpatías entre el exilio republicano, debido a su golpe de estado y su ne­gativa durante la contienda a adherir­se a alguno de los partidos del antiguo Frente Popular. Falleció de un ataque cardíaco en un hospital madrileño, de lo que se hizo eco una escueta nota en la prensa española.

No hay comentarios:

Publicar un comentario