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miércoles, 28 de febrero de 2018

Allen, Jay (1900-1972)

Periodista norteamericano que durante la República residió algunos años en Madrid, donde fue corresponsal de los diarios de su país Chicago Daily Tribune y News Chronicle. Afiliado posiblemente al Partido Socialista, fue amigo personal de Francisco Largo Caballero y, probablemente también, de Julián Besteiro, Julio Álvarez del Vayo y Juan Negrín. 

En julio de 1936, iniciada ya la guerra civil española, entrevistó en Tetuán al general Francisco Franco —entrevista que el 29 de dicho mes publicó el citado News Chronicle—, manifestándole dicho general, entre otras cosas, que «no había compromiso ni tregua» y que pensaba salvar a España del marxismo costara lo que costara; que Europa tenía que procurar que España no se convirtiese en la segunda potencia comunista del continente; que él, personalmente, era partidario de establecer una dictadura militar y más tarde convocar un plebiscito nacional para ver lo que el país quería. «Los españoles —le dijo Franco— están cansados de política y de políticos.» Contestando a otras preguntas, respondió que a los políticos republicanos no les pasaría nada, «excepto que tendrían que ponerse a trabajar»; que había colaborado con la República porque entendía que ésta representaba la voluntad popular; que el triunfo del Frente Popular no significaba nada porque «las elecciones nunca representan dicha voluntad»; que consideraba necesario el envió a España de moros y de legionarios, cosa que había hecho Azaña en 1932 cuando la sublevación del general Sanjurjo; que no creía que una guerra civil prolongada fuera a destruir la República, el ejército y la Marina, facilitando el triunfo del comunismo, pues «los ejércitos se forjan en la guerra y ésta es una lucha entre la verdadera España y los marxistas». «Es asombrosamente pequeño —concluía la entrevista el corresponsal del News Chronicle— (otro enano que quiere ser dictador). Sus ojos son amables, su nariz aguileña, sus manos y pies muy pequeños. A los cuarenta y tres años es el general-niño de España. También fue el capitán más joven. Y el más joven teniente. Es evidente que sus hombres le adoran.» Más tarde, instalado en la zona republicana, fue uno de los corresponsales de guerra extranjeros que gozó de más popularidad y facilidad de movimientos, enviando a los citados periódicos numerosos reportajes sobre diversos aspectos de la guerra y, en especial, sobre la represión nacionalista en Badajoz, la ayuda portuguesa al bando rebelde, etc. En los primeros días de octubre del mismo año consiguió la correspondiente autorización pan entrevistarse con José Antonio Primo de Rivera, máximo líder falangista, que se hallaba preso en la cárcel de Alicante, en espera de ser juzgado.

Pocos días después, exactamente el 9 del mismo mes, se publicaba dicha entrevista en el Chicago Daily Tribune y el 24, también de octubre, aparecía en el News Chronicle, existiendo al parecer algunas diferencias entre ambas versiones. En lo fundamental, el citado Primo de Rivera se expresó así: «... No sé nada... Estoy aquí desde marzo... Gil-Robles tiene la culpa de todo. Durante dos años, cuando hubiera podido hacerlo todo, no hizo nada. Y Casares Quiroga, por su política de provocación... Pero ¿qué pasa ahora? No sé nada... ¿Usted se acuerda de mi actitud firme, y de mis discursos, en las Cortes? Usted sabe que dije que si la derecha, después de octubre, seguía con su política represiva negativa. Azaña volvería al poder en poquísimo tiempo… Yo representaba otra cosa, algo positivo. Usted ha leído mi programa de sindicalismo nacional, reforma agraria y todo aquello... Yo era sincero. Yo hubiera podido hacerme comunista y conseguir la popularidad...» Contestando a otras preguntas de su interlocutor, añadió que no creía que los falangistas estuviesen combatiendo a las filas rebeldes para defender los intereses del capitalismo y de la Iglesia, «pero no olvide usted que ellos no tenían líder después de mi encarcelamiento, y no olvide usted que también otras muchas personas eran empujadas a la violencia por la política de provocación de Casares». Niega a continuación que fuera él quien introdujere el uso de los pistoleros políticos en Madrid: -Nadie lo probó nunca. Mis muchachos habrán podido matar, pero después de haber sido atacados por ellos.» A otras preguntas contestó: «Yo si sé que si este movimiento gana y resulta que no es más que reacción, entonces retiraré a mi Falange yo... ¡volveré probablemente a estar aquí o en otra cárcel, dentro de pocos meses!... Si eso es así, están equivocados. Provocarán una reacción aun peor. Precipitarán a España en más horrores» Tendrán que cargar conmigo. Usted sabe que yo siempre he luchado contra ellos. Me llamaban hereje y bolchevique...» 

Pocos días después de aparecer esta entrevista en los citados periódicos norteamericanos algunos diarios republicanos publicaron amplios extractos de la misma. En cambio, la prensa nacionalista la silenció total y absolutamente, silencio que perduró hasta muchos años después de concluida la guerra. 

Pero el artículo de mayor impacto firmado por Allen lo remitió desde Elvas (Portugal), donde se alojó tras ser testigo de la masacre de Badajoz, la brutal represión perpetrada por el bando sublevado contra la población de Badajoz tras la ocupación de la ciudad. El Chicago Tribune publicó este artículo,4​ titulado «Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of Horrors» (Matanza de 4.000 en Badajoz, ciudad de los horrores) el 30 de agosto de 1936, crónica considerada una de las más importantes de la historia del periodismo de guerra.3​


V.
corresponsales de prensa extranjeros

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